Ilustración de la portada de un libro de fantasía épica. Un vasto cielo abierto al atardecer, dramático y expansivo. En el centro, la oscura silueta de un enorme dragón volando hacia adelante, con las alas totalmente extendidas. En su espalda viaja un solo jinete, una joven con cabello rubio largo que se agita tras ella en el viento, vistiendo una armadura de fantasía ajustada. El jinete y el dragón se representan principalmente como siluetas, con solo una sutil luz de contorno delineando sus formas. Desde la cola del dragón hacia atrás, tanto el dragón como el jinete comienzan a desintegrarse en cenizas. La silueta sólida se fractura en brasas flotantes, cenizas grises y finas partículas de polvo, llevadas por el viento. La transformación es gradual y poética, no violenta; una metáfora visual de pérdida, erosión e inevitabilidad. Las cenizas se arrastran detrás de ellos, disolviéndose en el cielo. La escena es tranquila y monumental, enfatizando el movimiento hacia adelante mientras el pasado se desintegra. No hay suelo visible, ni ciudades, ni enemigos, solo cielo, luz y cenizas. El ambiente es sombrío, trágico e impresionante. Realismo pictórico, iluminación cinematográfica, paleta de colores contenida, diseñado como una portada de novela de fantasía profesional.