Un retrato devocional extremo y macro de la Virgen María y San Juan Evangelista a los pies de la Cruz, con solo las caras, enmarcadas de cerca, con expresiones calmadas y contenidas, los ojos bajos o suavemente orientados hacia una presencia vertical no vista, sin lágrimas, angustia ni emoción dramática. La Cruz se sugiere únicamente a través de luz y sombra direccional, nunca se representa. Estilo del Alto Renacimiento y barroco romano contenido, con sobriedad de la Contrarreforma, pintura al óleo académica, pinceladas refinadas y suaves, textura mínima visible. Claroscuro controlado con una única fuente de luz lateral suave, sombras profundas sin contraste fuerte. Paleta clásica apagada con tonos terrosos, manto azul profundo, tonos de piel blanco sucio, acentos dorados extremadamente contenidos. Una atmósfera sagrada de silencio, resistencia y fidelidad contemplativa, claridad teológica, sin teatralidad, sin elementos modernos, sin iluminación cinematográfica.