Una figura con túnica flota sobre un suelo oscuro, iluminada desde atrás por un cielo degradado y brumoso que cambia de naranja quemado a crema pálido. Su rostro permanece mayormente en sombra mientras su cabello claro capta alguna fuente de luz oculta. La pincelada suelta da a todo una textura suave, casi polvorienta—nada demasiado nítido o detallado. La capa se presenta como un índigo profundo con brillantes destellos violetas donde esas formas blancas que giran pasan, como pequeños cometas o polillas orbitando el cuerpo. Las manos cuelgan abiertas, con las palmas hacia arriba, en un gesto pasivo. Toda la escena se siente tranquila y ligeramente inquietante, como el anochecer en un lugar que no reconoces del todo. La luz proviene de abajo y detrás, manteniendo el frente de la figura en una silueta misteriosa.